CONTINUIDAD INDIVISIBLE DE CAMBIO
 
En este proyecto, el laboratorio de luz toma como premisa: generar y proyectar una hipotética mirada continua  –imagen móvil, no secuencial, sin fotogramas– para aproximarnos con  ello a la imposible representación del movimiento, tomando como soporte la imagen-luz.
 
En ese límite en el que se entrecruzan lo óptico y lo visual, mecanismos y maquinarias nos auxilian para traspasar los umbrales que limitan la visión natural, haciendo visible el flujo circulatorio de la luz, que se muestra aquí como deslizamiento de la mirada hacia una posible "continuidad indivisible de cambio".
 
En la complejidad de los mecanismos dispuestos se articulan dos niveles de complementariedad relacionados: Un sistema que genera la imagen continua y otro sistema de proyección sujeto a dos movimientos relativos que van influyendo en las variaciones de la imagen. La película y la maquinaria irán produciendo estratos variables con los distintos elementos: una relación de encuentros en el film y otra como resultado de los mecanismos de proyección de ese film (VÉASE). El orden de los haces luminosos que acogen la imagen, invierte, duplica y superpone los elementos, al tiempo que su proyección vuelve a activar las inversiones, estableciendo contigüidades diferentes, ambiguas y paradójicas, en una unidad múltiple, a la vez continua y discontinua en la que el orden va surgiendo por la movilidad constante. 

Película móvil de lo inmóvil. Todo se mueve y a la vez todo permanece por los movimientos internos de la maquinaria que fijan de antemano todo acontecer de la pieza. Nada se desplaza en la imagen. Es la imagen quien se desliza cíclicamente en una eternidad técnica.

 
 
Los motores, rodillos, piñones, cadenas..., se disponen para girar por las figuras del tiempo cada 46 minutos se darán las mismas relaciones, pero ligeramente desplazadas en el espacio de como estuvieron antes, encontrando al llegar su lugar también desplazado en función de otro régimen de circularidad.
Esta impresión directa del espacio a través de la luz parece indagar y multiplicar el entorno, descubriendo otro posible horizonte circular, donde coexisten los objetos sin dificultad, alterando sus relaciones, estableciendo nuevas vecindades; todo (o nada) ocupa su lugar en ese espacio mudo en el que las cosas pueden yuxtaponerse o solaparse.